Parroquia SANTIAGO Apóstol de Villena (Alicante)
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Nuestra Señora Virgen de Las Virtudes

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Domingo, 08 de Febrero de 2026
«VOSOTROS SOIS LUZ DEL MUNDO Y SAL DE LA TIERRA»

CITAS BÍBLICAS: Is 58, 7-10
* 1Cor 2, 1-5 * Mt 5, 13-16
El evangelio de este domingo pertenece al Sermón del Monte de san Mateo y tiene para nosotros una importancia especial. Pero, antes de seguir hablando de este tema, valdría la pena que nos hiciéramos estas preguntas: Yo, ¿para qué estoy en la Iglesia? ¿Qué busco en ella? ¿Por qué sigo a Jesucristo como discípulo? Posiblemente, muchos de los que somos creyentes y nos consideramos cristianos, responderíamos con esta frase: Estoy en la Iglesia para salvarme. Busco en ella mi salvación.
No hay duda de que esto es verdad, pero lo cierto es que no nos ha llamado el Señor a su Iglesia únicamente para salvarnos. La salvación que el Señor Jesús obtuvo en la Cruz fue universal. Significa esto que abarcaba a todos los hombres sin condición de raza, sexo, lengua o religión. Sin embargo, no todos los hombres tienen conocimiento de esta salvación. No todos conocen a Dios-Padre y a su Hijo Jesucristo, ni tampoco la obra del Espíritu Santo en la vida del hombre. Precisamente, para darlos a conocer tomó carne humana la Segunda Persona de la Trinidad.
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En el principio Dios creó al hombre a su imagen con el deseo de que unido a él por el amor, fuera una criatura totalmente feliz. Le concedió además el don de la libertad para que pudiera amarle libremente. Todos conocemos la historia. Utilizamos mal nuestra libertad y por el pecado quedamos sumergidos en la oscuridad y en la muerte. Sin embargo, Dios, que es Padre, no nos abandonó a nuestra suerte. Envió a su Hijo para darnos a conocer que su amor y su misericordia estaban por encima de nuestras faltas, y para que con su muerte en cruz y resurrección destruyera el pecado y la muerte, y nos devolviera la condición de hijos de Dios.
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Esta obra, esta salvación del Padre, era necesario darla a conocer a todos los hombres. Era necesario que en la oscuridad de la muerte y del pecado, volviera a brillar de nuevo la luz del amor de Dios. Para llevar adelante esta misión, el Señor Jesús fundó su Iglesia encargando a sus discípulos anunciar al mundo entero esta buena noticia. A ti y a mí como discípulos, nos encarga hoy esta misión. Quiere que en la oscuridad en la que por el pecado viven los hombres, nuestras vidas brillen como focos dando a conocer a todos el amor de Dios y el perdón de los pecados. Por eso, hoy nos dice «Vosotros sois la luz del mundo». También nos dice: «Vosotros sois la sal de la tierra». La sal es un condimento que se añade a la comida para darle sabor. La vida del hombre, la razón de ser de tu vida y la mía, no tienen ningún sentido si no está presente Dios y la vida eterna para la que hemos sido creados. Por eso el cristiano es aquel que con su presencia sala a la sociedad, le da sentido a la vida. Da una razón de ser, una explicación, a la vida del hombre sobre la tierra. ¿Cómo seremos sal y luz en medio de los que nos rodean? Lo dice también el evangelio de hoy: «Para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo». Tú y yo somos pecadores como los demás, incapaces de obrar el bien con sólo nuestro esfuerzo. Los que nos rodean lo conocen. Por eso cuando vean que somos capaces de hacer el bien, de morir por el otro, de perdonar de corazón a nuestro enemigo, etc., se darán cuenta de que esas buenas obras no son fruto de nuestro esfuerzo, sino que son la obra del Señor en nuestra vida. De esta manera, serán nuestras buenas obras las que hagan que ellos se encuentren con el Señor. Serán así, iluminados y salados.

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